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EVANGÉLICOS: ¿PROTESTA O PROPUESTA?

Al conmemorarse los 500 años del surgimiento del protestantismo es importante explicar el origen, desarrollo y actualidad de esta expresión de la fe cristiana en nuestro país.

Es posible hacer varias lecturas sobre lo que sucedió, porque su alcance no se limitó a una revisión teológica, sino a un modo de entender la vida, el cual tiene una acción directa sobre el presente y futuro de la humanidad.

Soy uno de los herederos de la Reforma del siglo XVI y sinceramente no me siento cómodo utilizando el vocablo protestante porque no somos un: “movimiento de protesta, sino de propuesta”.

Durante la Edad Media, la población europea clamaba por profundas transformaciones. Como respuesta, aparecen dos fuerzas que fueron revolucionarias en el proceso de los cambios:

Una de ellas fue el Renacimiento, que redescubrió las glorias de la antigua civilización grecorromana y produjo una gran renovación literaria, artística y científica en los siglos XV y XVI, facilitada por el descubrimiento de la imprenta, que contribuyó a la difusión de las obras de los grandes maestros de la Antigüedad. Este hallazgo fue un estímulo para que, primero en Italia y luego en el resto de Europa, surgieran novedosos estilos de pintura, arquitectura y literatura. Pero fue en Francia donde este afán de renovación se manifestó en forma singular. El estudio de la historia, la crítica histórica y literaria y la investigación científica fueron altamente estimuladas en este período, y contribuyeron a elevar el nivel de educación y a cuestionar los sistemas imperantes.

La otra fuerza que cambió la característica religiosa, social y política de Europa fue la que se conoció como Reforma protestante. Un clamor de cambios profundos dentro de la Iglesia institucionalizada se escuchaba con más insistencia. Muchos religiosos y laicos procuraron introducir cambios con el propósito de reformar la Iglesia desde adentro. Anticipando lo que habría de suceder, algunos grupos disidentes dieron pasos definidos para concretar esta visión, pero fueron perseguidos y en algunos casos martirizados. El 31 de octubre de 1517, mientras los españoles se lanzaban a la conquista del continente americano, en Alemania, Martin Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en las puertas de la iglesia de la Universidad de Wittenberg, denunciando los excesos y venta de indulgencias de la Iglesia y se ofrecía para defender las tesis ante quien quisiera desafiarlo. Favorecido por el reciente descubrimiento de la imprenta, estas ideas rápidamente se propagaron a las naciones vecinas.

Pero mientras en Europa se sucedían estas transformaciones, la España que llegaba a estas tierras no vio un florecimiento de las ideas renacentistas como en otros lados y la Inquisición fue altamente efectiva para exterminar los focos de protestantismo que se presentaron en la península ibérica.

De este modo la España medieval encontró en este continente la posibilidad de perpetuar esta forma de entender la vida, mientras en el resto de Europa se expandía el protestantismo.

Pero la situación comienza a revertirse en el continente americano. Las luchas emancipadoras, la independencia de las colonias americanas, el problema de la falta de sacerdotes y las filosofías anticlericales, comienzan a debilitar el papel de la Iglesia.

Aproximándonos rápidamente a lo que sucedió en nuestra nación, desde los albores de nuestra nacionalidad, la presencia del protestantismo acompañó la marcha de la sociedad y participó activamente en la construcción de ella. En ese tiempo, la lucha por la libertad religiosa, el apoyo a la educación laica y la separación Iglesia y Estado configuraban los sueños y luchas de los primeros protestantes.

Hubo al menos tres pilares sobre los cuales la propuesta protestante en Uruguay puso sus énfasis:

TRABAJO Y ECONOMÍA

En medio de las luchas de independencia y de la consolidación de los nuevos estados latinoamericanos, llegaron los primeros agentes de difusión del protestantismo. Las nuevas repúblicas, abiertas al capitalismo bajo el signo de liberalismo, cayeron bajo la dependencia del Imperio británico y asumieron su función de proveedores de materias primas.

La expansión comercial inglesa aportó los frigoríficos, los trenes, la compañía del gas y los bancos que se incorporaron al sistema financiero. En ese período surgen nombres como el de Samuel Lafone, que es recordado en el reciente libro de Mercedes Vigil: Palabra de inglés.

El modelo de civilización y progreso anglosajón, admirado por los emancipadores, comprendía su religión preponderante: el protestantismo. Por eso, los líderes liberales latinoamericanos, no solo se mostraron abiertos y tolerantes hacia la nueva fe, sino que en algunos casos la respaldaron con animosidad, visualizándola como un aliado para combatir lo que consideraban el excesivo poder del clero.

Muchos afirman que el mensaje de salvación individual propio del protestantismo llevó al desarrollo de la persona, haciéndola responsable de sus actos y, por tanto, la prosperidad sería el resultado de la obediencia práctica al mandato bíblico.

Esto no dependería del Estado o la Iglesia, porque Dios ha dotado a cada individuo con capacidades para desarrollar en excelencia y, superando las propias limitaciones, transformarse en un agente de bienestar para otros.

Más adelante, durante el desarrollo del siglo XIX y principios del siglo XX, hubo una gran corriente inmigratoria que huyendo del absolutismo religioso y estatal buscó exilio y refugio en el Río de la Plata. Muchos de ellos, siendo protestantes, trajeron disciplina de trabajo, deseos de superación y conocimientos que fueron puestos al servicio del país que los recibió.

A modo de ilustración recordemos a los anglicanos, valdenses, eslavos, armenios y menonitas.

EDUCACIÓN

El historiador argentino Arnoldo Canclini escribió:

“Inglaterra era también el punto de partida de renovación espiritual, del sentido misionero y de la educación como parte del deber de las iglesias... Desde estos comienzos, la educación y paralelamente la distribución de la Biblia fueron sinónimo de la expansión protestante” (Arnoldo Canclini, 400 años de protestantismo argentino, p. 57).

Diego Thompson llega al Río de la Plata para promover el sistema educacional lancasteriano. Ante la falta de maestros, los alumnos más avanzados enseñaban a los que recién se iniciaban, utilizando como libro de texto la Biblia, la cual se importaba en grandes cantidades para este propósito.

Thompson llegó a Montevideo en el año 1821 con el propósito de entrevistarse con el vicario don Dámaso Antonio Larrañaga, a quien calificó de “un eclesiástico de entendimiento liberal e ilustrado y gran amigo de la educación”. El 13 de octubre de ese año se dio inicio a este nuevo concepto educativo.

En Montevideo se honró este momento histórico asignándole a dos calles de la ciudad, el nombre de Lancasteriana y Thompson.

Transcurriendo el siglo XIX, Cecilia Güelfi, una joven maestra de padres genoveses, con tan solo 17 años y de la mano de la Iglesia metodista, comienza en 1878 una escuela gratuita para señoritas. Ella afirmó:

“Quiero una escuela que funcione según los postulados más modernos de la pedagogía, una escuela que sea centro de cultura, y que sirva además para cultivar los valores del espíritu, al calor de las ideas evangélicas”. Antes de morir dirigía nueve escuelas en Montevideo, de las trece que llegaron a existir.

Pero hubo una labor no oficial en favor de la niñez y adolescencia llamada la Escuela dominical. Un espacio donde miles de niños fueron y son enseñados en los preceptos bíblicos y en valores que les ayudan a ser mejores personas, ciudadanos y a construir un futuro con esperanza.


DESARROLLO HUMANO

Al iniciarse el siglo XX, llegan otros grupos que en lugar de protestantes, adoptan el nombre de evangélicos. Ellos son: bautistas, hermanos libres, pentecostales, nazarenos y aliancistas.

Todos ellos ven al ser humano no solamente como un ser biológico, sino también psíquico y espiritual y con una visión de lo trascendente. Por este motivo, organizaciones como el Ejército de Salvación trabajan para ayudar a los necesitados y dignificar a las personas.

De allí que la Iglesia evangélica se ocupara en levantar un hospital y en las diferentes congregaciones se sirve a la comunidad a través de policlínicas, asistencia a personas en situación de calle, merenderos, tratamiento para quienes tienen adicciones y acompañamiento a personas que están en situación de cárcel, orfanatos y hogares de ancianos.

Asimismo las congregaciones funcionan como una gigantesca red de contención a quienes viven en soledad o padecen depresión, transformándose en una familia donde sentirse contenidos y acompañados.

Al igual que San Pablo, Lutero y Juan Wesley, los evangélicos no predican un sistema religioso, sino a Jesús quien dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14: 6 ).

El mensaje de la cruz nos recuerda la imposibilidad de lograr la salvación por méritos propios y al expresar: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34), nos ofrece la oportunidad de reconciliarnos con Dios y a partir de ello con nuestra propia historia de frustración, abandono y pecado.

Una genuina experiencia de conversión a Cristo pone en armonía al individuo con el prójimo, la familia, la sociedad y el medio ambiente.

El protestantismo en Latinoamérica pasó de ser una minoría discriminada en los comienzos del siglo XX, a una fuerza que no ha parado de crecer hasta nuestros días. Su sorprendente desarrollo es un fenómeno espiritual y social que nuclea a ciento veinte millones de latinoamericanos.

Pero a 500 años de lo que se inició en Alemania, reitero que: “No somos un movimiento de protesta, sino de propuesta”.




Lic. Pedro Lapadjian
Pastor

Reparto de Alimentos
AYUDANDO AL NECESITADO

Tantas personas a nuestro alrededor, en nuestro país, en nuestro barrio, que pasan por diferentes necesidades tanto materiales, como físicas y espirituales.

Como cuerpo de Cristo queremos impactar nuestra sociedad y ser las manos y pies de Jesús.

Es así que surge el proyecto desde la juventud de nuestra Iglesia de salir a repartir alimentos a las personas en situación de calle, con el objetivo de que puedan estar mejor, satisfacer sus necesidades, poder charlar y compartir con alguien, y por sobre todas las cosas conocer a Jesús, el único que puede dar vida y esperanza en medio de cualquier situación.

Todos contra el abuso
TODOS PODEMOS AYUDAR

Según datos de la UNICEF se producen 224 abusos infantiles por hora en América Latina, lo que suma 2 millones de niños abusados sexualmente cada año.

Es importante ayudar a los niños a prevenir los abusos y para eso necesitan herramientas. Con ese propósito los doctores Silvia López de Cinalli y José Luis Cinalli han escrito y diseñado este libro llamado “Cuentos Que No Son Cuentos”.

Junto a este objetivo se trata también de involucrar en este desafío a todas las iglesias del país y a las instituciones públicas y/o privadas, que quieran hacerse parte del proyecto, para que juntos logremos llegar a todos los niños del país.

Hemos recibido el respaldo de varias organizaciones del país como: Centro de Literatura Cristiana (CLC), Colegio y Liceo evangélico Bethesda, ACUPS (Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud), Radio Transmundial, Proyecto Claves y Organización Juntos por la Niñez. A su vez estamos contactando a distintas asociaciones de pastores del interior del país y organismos estatales buscando mayores y mejores oportunidades de servicio.

Querés ser parte y ayudar con este proyecto?
Escribinos a tca@esperanzaenlaciudad.com