Amor en Cadena

16 Mayo 2018

Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante respondió: El primero y más importante es amar a Dios. El segundo es amar a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22.37-39)
Le preguntaron por uno sólo, y Él respondió con dos. Jesús es muy claro cuando habla, y si bien amar a Dios es el más importante de los mandamientos, es inevitable que ese amor no se vea reflejado en cómo trato a los demás. Son amores distintos pero que van de la mano.

En lo personal me gusta ver esto como si fuera un amor en cadena, es decir, primero amamos a Dios para luego amarnos a nosotros mismos y así poder amar a los demás.
Para poder entender un poco mejor vamos a ver de qué se trata cada uno de estos.

Dijimos que en primer lugar tenemos que amar a Dios. En Lucas 10.27 dice que amemos a Dios con todo lo que pensamos, con todo lo que valemos y con todo lo que somos, no a medias.
En otras palabras, amamos a Dios cuando ponemos en práctica sus principios y lo tomamos en cuenta en nuestras decisiones. Cuando entendemos que no vivimos para nosotros y dejamos que Él moldee, cambie nuestro carácter hasta llegar a ser como Él quiere que seamos.
Pero antes de seguir profundizando en el tema, es re importante entender que Dios nos dice todo esto para que seamos felices y disfrutemos de la vida. No se trata de cumplir con una lista de buenas acciones, pero sí de hacer el mayor esfuerzo por agradarlo en todo lo que hagamos.
Cuando Dios ve que nuestro corazón es sincero y moldeable, Él tiene poder para cambiar o quitar lo que nos está impidiendo amarlo con todo.

En segundo lugar, cuando hablo del amor a uno mismo no me refiero a una actitud egocéntrica en la que pienso solo en mis deseos, mis sueños y mi bienestar. Me refiero a tener una estima adecuada, a darme el valor que realmente tengo, a no sentirme ni menos ni más que otros, como dice Dios en Romanos 12.3: “...cada uno de ustedes que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener…”
Amarme a mí mismo es aceptarme como Dios me creó, es decir, amar mi cuerpo, cuidarlo y respetarlo por dentro y por fuera.
Es dejar de juzgarme por mis errores, de criticarme, de compararme con otros. Es entender que Dios me creó único y con un potencial enorme para desarrollar.

En tercer y último lugar el amor hacia el prójimo. Pero no por ser el último es el menos importante, al contrario, es tan valioso como los dos anteriores.
¿Sabías que nuestro prójimo es nuestro próximo? Esto no sólo incluye a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y de estudio, también incluye a quienes nos lastiman, nos ignoran, nos rechazan. Incluye a nuestros enemigos si es que los tenemos. Se que no es fácil amar a todos, pero debemos intentarlo.
Mira lo que Dios dice en 1 Pedro 3.8: “...todos ustedes deben vivir en armonía y amarse unos a otros…” Entonces de lo que dependa de vos, está en paz y ama a todos.
Por último, cuando hablamos de amar al prójimo bajemoslo a tierra y vayamos a lo práctico. Es decir, amemos a través de las acciones, ya sea dando un abrazo, una palabra de aliento, un consejo, una ayuda, o de la forma en que te parezca mejor.
Amar es más que un sentimiento, ¡es acción!


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.